Jesús, Buen Samaritano, que viviste
aliviando el sufrimiento de quienes
encontrabas en el camino, como expresión
de la misericordia del Padre.
Ayúdanos a bajar a lo profundo del
corazón, donde se escucha el grito
del dolor, la voz de quien sufre y necesita.
Danos entrañas de misericordia,
para que no demos rodeos ante los que
sufren y sepamos caminar con los ojos
del corazón abiertos para ayudar
a quienes nos necesitan.
Haznos, Señor, bueno samaritanos para
que el mundo descubra en nuestra vida
el rostro misericordioso del Padre. Amén.


